jueves, 17 de diciembre de 2009

Todos somos sombras de algún gangster caído.
Espantapájaros de la desgracia

Inevitable muñeco,
Absorbe mi temor,
Asimila todo mi terror.
A cambio,
Insoportable muñeco,
Puñaladas por la espalda.
Buitres y
Moscas.
Gusanos y
Cuervos.
Hienas y
Uno que otro hombre hambriento,
Devorando lo que será,
El fin de mis miedos.
Un cazador o tres crucifixiones pueden llegar a atraparme.
¿Podrán llegar a atraparme?
Cuando esto acabe podre irme,
Sabiendo que no puedo volver.
Pronto,
El final.
Ya se encienden las luces,
Nace una nueva luna.
Debo caminar,
Mas allá de donde ya he llegado.
No es lejos,
Pero hace frio.
Solo sé que debo volar tan alto como mi niñez me lo permita.
Ahora,
Lamentablemente,
No veo hacia adentro.
Este es el mejor sonido que se ha sentado a mi lado.
Amarillo.
Negro.
Parece tener algo adentro,
Todo un zoológico en el pecho.
Marcamos el ritmo,
Y marchamos lentamente cogidos de la mano.
Siento que miran,
Pero no se acercan.
¿Qué puedo hacer?
¿Saltar al abismo?

El abismo son los ojos de tu dios,
Tu dios son los ojos de mi abismo.

Todo puede llegar a ser dañino.
Eso lo sabemos.
Simplemente,
Seré un viejo mas.